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Estudiantes campeón

Por 0341 - 14 de Diciembre, 2006, 18:44, Categoría: Deportes

Pavone celebra el gol del triunfo (La Capital)

Se consumó la levantada final. Es que ganar 11 de los últimos 12 cotejos del campeonato no era casualidad para un equipo aguerrido y con un corazón enorme. Encima tenía enfrente al peor Boca, que venía de 2 derrotas consecutivas y con las dudas a flor de piel. El desarrollo del partido encontró a un xeneixe rápidamente en ventaja, vía Martín Palermo tras centro de Ledesma. Tras cartón el equipo de Lavolpe lo pudo haber liquidado con dos contragolpes furiosos. Pero al minuto 30 ocurrió un hecho que cambiaría la historia del pleito: se fueron expulsados Alvarez por Estudiantes y Ledesma por Boca. Este imponderable sin dudas benefició al pincha, que a partir de allí se adueñó del mediocampo hasta el final del cotejo.

Y cambió Estudiantes y el partido. Porque Boca perdió a Ledesma y perdió su eje. La operación presión la encabezaron Braña y compañía. Simeone acertó con el ingreso de Benítez por el ausente Galván. Y Boca apostó por Calvo. Y Calvo ni se enteró. A Bobadilla lo exigieron y lo asustaron. El Cata Díaz trataba de evitarle angustias al paraguayo, al pibe Cahais se le vino la final encima. Gago no podía, Cardozo casi no existía. Palacio estaba prisionero de las marcas, Palermo ponía lo que puede poner Palermo. Y Sosa ejecutó con enorme calidad un libre a favor y estampó la lógica igualdad. Ahí daba la impresión que Estudiantes puso el freno de mano, pero la batuta de Verón sobresalía en esos momentos en que los años y los antecedentes pesan. Hasta que Cahais hizo lo que puede hacer un chico en medio de grandes. Y Pavone con viveza, alma y contundencia le puso el moño al resultado y a un choque vibrante, además. Y Boca cayo en la desesperación y los centros. Una caricatura del Boca que fue, allá por agosto, un conjunto elogiable, virtuoso, y ahora es un montón de apellidos sin rumbo.


Estudiantes se merece el título y el mejor de los homenajes. Ganó por la suma de aptitudes y por aferrarse a sus convicciones y a su forma. Superado, conservó su identidad. Y cuando fue por todo, lo hizo sin vacilaciones. Con pasta y alma de campeón.